lunes, 28 de marzo de 2011

Relato del 2º Concurso de Karol Scandiu: "La Sonata de la Mariposa" Mi diplomita :3


He participado en el 2º concurso de relatos de Karol Scandiu, y, por supuesto, como yo ya sabia, no he ganado. Pero me contento con que la gente me haya leido, y haber ganado esta cucada de diploma. ¡¡Muchas gracias Karol!! :D

Aqui os dejo con mi histoira...


Él detestaba todo lo natural y hermoso.
Y por esa razón iba a aquel bosque.
Quería destruir todo lo hermoso que había en él, su habitantes, hojas y plantas.
Con su poder de fuego destruiría todo lo maravilloso que se posara ante sus ojos.
Sus pisadas sosegadas se oían por todo los recodos del follaje, retumbando una y otra vez en el miedo de las criaturas.
El césped verde que había bajo sus pies se desacia ante su paso.
Al fin llegó al corazón del lugar encantado, sin que un solo ser viviente se cruzara en su camino.
Pero, por supuesto, sabía que estaban allí, escondidos, agazapados en la penumbra del ramaje.
Se debuto.
Miró de frente a una Encina gigantesca de hojas de distintas tonalidades de morado. Sus ramas se entrecruzaban, formando un mundo a parte, lleno de entresijos inigualables.
No le impresionó. Siguió con la expresión inescrutable.
Era el más hermoso, el más grande, el más viejo.
Kolet, que así se llamaba el intruso, alzo una mano dispuesto a destruir al bosque desde dentro, desde su propio corazón, que era aquel árbol.
De pronto, cuando su poder ya comenzaba a manifestarse, una sombra se puso en medio de su objetivo y él.
De la sombra salió un haz de luz, el cual estaba sobre una frente y se completaba así con un cuerpo menudo, que no llegaba al metro,y que se suspendía en el aire, mirándole sin vacilar.
El ser más poderoso del lugar había aparecido, las leyendas eran ciertas.
El hada defensora del Gran Árbol había hecho aparición. Para Kolet no había problema, la vencería, desaciéndola en llamas. Convirtiéndola en cenizas.
-¿Qué crees que haces, humano?-Dijo, el hada.
Tenia el cabello ondulado, negro azulado, piel pálida, ojos violetas, marcas irregulares pintaban sus facciones, con tonos verdes.
De los labios de Kolet se asomó una sonrisa ladeada, mostrando un hoyuelo.
-¿Qué crees que haré, hadita?
Ella, aun suspendida en el aire, le miro desde su altura, y sus ojos se volvieron rendijas.
-No pienso permitir que dañes el Gran Árbol.
Es mi misión protegerlo.
De la boca de Kolet salió una sonrisa malvada a borbotones.
-Siento decirte, que en esta ocasión no te será posible.
Kolet no había bajado la mano, y no estaba dispuesto a hacerlo porque aquella criatura hermosa se lo pidiera.
Todo lo contrario.
Aquello lo enfurecía más.
Fue a hacerlo, pero de golpe, a la velocidad de la luz, del sonido, la pequeña niña, estaba a su altura, yéndose de la posición privilegiada, y, cogiéndole de la mano, le insto con ese gesto a que parase.
-No lo permitiré, Kolet.
El susodicho se quedo desconcertado por que el ser supiera su nombre.
No se dejo amedrentar y la intento lanzar lejos.
No pudo.
Con los dientes apretados, activo su poder a toda potencia, para quitársela de encima.
Lo consiguió, pero no de la manera que él quería. Ella carbonizada.
No.
Esta, fluida en su volar como una pluma, lo esquivo sin despeinarse.
-No tienes por qué hacerlo, Kolet.
Sin que este pudiera hacer nada, el Hada Iney, cogió un mechón de su largo cabello azabache y se lo llevo a sus labios.
Y sopló.
De el aire que se entretejió entre sus cabellos, salió un silbido, una melodía, oníriaca, mágica, paranormal, que ningún humano podría negarse a escuchar.
Ni siquiera uno como aquel, con un corazón tan negro, que no dudaba en atacar a criaturas, las cuales, no se podían defender.
De aquella melodía celestial, emanaba tranquilidad, bondad, amabilidad, soltura.
Kolet quedó paralizado al instante, con los ojos de par en par, contemplándola por primera vez, escuchando por primera vez.
Todas las sensaciones del mundo se multiplicaron como nunca.
Aquello no era humano. Real.
Ya no quería hacer daño, ya no recordaba el pasado sufrido, su infancia maltratada, su odio a lo bello.
Ya no odiaba nada.
De sus ojos comenzaron a salir lágrimas, de gratitud, de incredibilidad… De felicidad. Mil sentimientos indescriptibles, todos en uno, y todos nuevos y confusos.
Estaba tranquilo.
La miró a los ojos, y sin saber bien que estaba haciendo ya, se postro a sus pies, con las lágrimas aun rodando por sus mejillas.
Iney se acerco al fin a él, sabiendo que ahora era inofensivo. Y de ahí en adelante.
-Ya estas en paz, Kolet.-Le susurro, con la intimidad que tiene un amigo.
Él la acerco, y sin poder evitarlo, lloró.
Lloró sobre sus pequeños hombros, soltando así todo su dolor.
Después de largas horas así, Kolet alzó la mirada y se encontró con los ojos de ella.
-¿Có… Cómo puedo pagarte… por haberme librado del sufrimiento?
Iney sonrió, negando con la cabeza.
-No hay nada que puedas hacer por mi.
Él captó la desdicha en aquellas palabras.
-Hay algo que deseas.-No era una pregunta.
Ella bajo los ojos.
-Pídemelo.- Le instó él.
-Si coges la joya que tengo en la frente… mi sufrimiento parara.
Kolet fue ha hacerlo de inmediato, quitarle su sufrimiento, igual que había hecho ella con él. Pero Iney detuvo su mano.
-¡No! Si lo haces te condenaras… Tendrás que permanecer en este bosque para siempre, cuidando el Gran Árbol.
-¿Aquí?- Preguntó Kolet.
Ella asintió.
-Tendrás que protegerlo de cualquiera que desee hacerle daño, al igual que he hecho yo cunado has venido tu, y tantos otros…
El Gran Árbol lleva aquí milenios, y milenios estará, cuando yo ya no este.
Kolet asintió.
-Acepto.-Dijo sin dudar un instante, como había dicho antes.
Alzó la mano, sin temblar ni un solo segundo.
Toco la joya, de tono azulado, y la cogió. Sorprendentemente, se desprendió con suma facilidad.
En el instante en el que lo hizo, ella sonrió, mirándole un último instante.
En ese momento Kolet, supo que Iney se marcharía, y quedaría solo.
Iney, sabedora de sus pensamientos, llevo su mano hacia el rostro de él, y le acarició con suavidad.
-Tranquilo… Siempre estaré a tu lado.
Ya no harás daño a nadie, nadie recordara aquellos tiempos oscuros.
Ahora tu eres luz.
Eres el protector de este bosque… Y recuerda…- su voz se fue extinguiendo, a medida que su imagen desaparecida,- te veré desde él cielo.
Un instante después, miles de luces invadieron su figura, dejandole momentáneamente ciego, con los ojos rebosantes de miles de cristales por la despedida.
Cuando abrió los ojos, millones de mariposas, volaban a su alrededor, con sus colores morados, verdes, yendo hacia el cielo, hacia el firmamento.
Y mientras estas se marchaban, una melodía inbadia el ambiente, una sonata, tierna y dulce.
La despedida.
El próximo encuentro.




Espero que os haya gustado! :D Un GRAN beso!

3 comentarios:

  1. :O q wapo... me ha encantado... y a la vez me emocionó :( ... es muy triste, pero precioso, profundo, mágico y no entiendo por qué no ocupaste al menos un lugar entre los primeros :/... pero bueno, para mí ocupará el 1º lugar =D...Muchas gracias por compartirlo :P ... besoss

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  2. No seas tan negativa que la historia está MUY BUENA, la próxima dite a ti misma que ganaras!!!
    No importa que no ganes, lo importante es que camines por el camino de tus sueños, veras que iras mejorando de apoco, y un día notaras que ya no caminas por el camino sino que VUELAS por el, porque para VOLAR primero se tiene que desearlo.
    Desea Ganar con todo tu corazón y un día ganaras.


    #Bueno estaré explorando tu blog estos días, y viendo a que mundos me puedes llevar. Con su permiso mi Linda Luna ◠‿◠ tengo que irme a otros mudos, los dragoncitos de mi mente están inquietos y emocionados gracias a tu linda historias#

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  3. muchas gracias arquero de la luz :D
    creo que estoy contigo, espero poder volar por el camino algun dia no muy lejano.
    Muchos besos ^^ y gracias por pasarte :D

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Sentía un dolor casi físico cuando el conde y la condesa entraban al mismo tiempo.. su amor mutuo era evidente, un vinculo genuino que les proporcionaba seguridad y felicidad. Hasta Logan y Serah intercambiaban a veces unas miradas que ponían de manifiesto que se gustaban. Esas miradas, ese amor, llenaba a Kylar de un anhelo tan hondo que creía que le abriría un hueco en el pecho. No era simple hambre; una rata de hermandad conocía el hambre igual que conocía las alcantarillas donde se acurrucaba buscando calor en invierno. El hambre no era comoda, pero resultaba familiar y no era algo que temer. Lo suyo era una sed, como si su cuerpo entero estubiese reseco, cuarteado, a punto de desmigajarse. Moriría de sed a orillas del lago más grande del mundo.

Todo aquello le estaba vedado. Para él, ese lago era un océano.

Era agua salada que solo le daría más y más sed, hasta causarle la locura y la muerte. El amor era la muerte de un ejecutor. Locura, debilidad, vulnerabilidad y muerte, no solo para el propio ejecutor, sino también para cualquiera que lo amase. En la vida de Azoth todo era muerte. Había jurado no amar jamas, pero cuando lo prometió no había visto nada parecido a lo que el conde y la condesa compartían. Resultaba tolerable si por lo menos le importase a alguien.


El Ángel de la Noche 1, El camino de las Sombras de Brent Weeks

Feveradicta *¬*

Mi diplomita :3

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muchisimas gracias Karol!! ^^