sábado, 4 de septiembre de 2010

La revista (Corto)



La revista


Aquel día no había mucha gente que se dijera.
La camarera, de ojos trasparentes, paseo su mirada por el local, lacónica.
¿Por qué tenia que tener un trabajo tan aburrido?
Puede que no todo el tiempo, pero, en la gran mayoría de casos no había ni un alma, y aun que el local estaba medio lleno, aquello no le parecía suficiente.
Despidió a unas personas, las cuales se marchaban ya.
Su sonrisa era completamente afable.
Se dirigió a la cocina, y, dejo unos platos que tenia en las manos.
Suspiro.
­- Paula.­- La llamo el encargado. Ella, solicita, le miró de inmediato.
­-¿Podrías llevar este plato a la mesa de la ventana, por favor?
­-Por supuesto.- Contesto ella sin dilación. Cogió la comanda que le habían mandado, y se dirigió con paso seguro hacia la mesa de la ventana.
Las personas la miraron, y esta les sonrió.
Movió con destreza los platos vacíos, apartándolos para dejar hueco al que iba a colocar ahora y lo puso con simpleza en el centro de las personas.
-Que aproveche.-Dijo, con voz amable. Se giró y se fue a apoyarse a la barra.
No pudo evitar suspirar de nuevo. Aquello era muy aburrido.
Miro por la ventana unos instantes, perdida en sus cavilaciones.
La puerta se abrió, y de inmediato Paula dirigió la mirada hacia allí, poniéndose en posición de “ataque”.
Un chico, que no tenia pinta de querer gastarse un duro, se dirigió hacia delante, hasta que se debuto, sin mirarla,- el muy maleducado- y miró hacia su alrededor, seguramente buscando la maquina de tabaco,- la cual no tenían,- o...
-El baño,- susurró ella. Es que si no era una cosa era otra.
Le daba rabia que ni siquiera saludasen para entrar al baño, que fuesen tan descarados como para entrar con toda la cara.
Paula se relajo. No tenia que moverse para atender a ese chico.
Tampoco quería decirle que se fuese a un vertedero a mear. No tenia que dejar fluir su mal humor. No era bueno.
Este, como leyendo sus pensamientos, paso de el baño, y se paro al lado de la barra.
Esto ultimo la dejo un tanto descolocada. Podría haberse equivocado.
Había veces de esas que uno se equivocaba, y si era así, se alegraba.
Su mal humor se disipo un poco.
...
Fue a saludarle pero vio que cogía El Marca, le echaba una rápida ojeada y lo dejaba a un lado.
...
Pasó de El Mundo, y fue a coger una revista. Esta era Yo Dona, en la cual en la portada salia Angelina Jolie.
...
Y, por supuesto, paso de su cara, y se puso a ojearla mientra muuuuuuy descaradamente, se dirigía al baño.
Le entraron ganas de chillar y darle una buena patada en ese culo tan bonito que tenia.
En cambió se quedo ahí, intentando controlar su mal humor.
Menos mal que su jefe la llamo, porque si estaba mas centrada en ese asunto por más tiempo, estallaría.
Le mando a comprar unas cosas de un Dialprix que había cerca de allí,- a una calle de distancia,- y cuando regreso se le había olvidado el asunto.
Tardo unos diez minutos en hacer todo.
Después de eso, se puso en el mismo sitio donde había estado antes,- ya no quedaba casi nadie,- y cogiendo la bayeta se puso a limpiar la barra.
Oyó como alguien cerraba la puerta de el baño con un suspiro.
Se giro, esperando que fuera su compañero, pero no.
Ahí estaba aun el chaval. Con la revista en la mano, un tanto jadeante, y sudoroso.
-Hace una calor infernal en el baño.- Le comento, como si la hubiera saludado, como si la conociera de toda la vida.
La ira volvió de nuevo, y su mente pensó todo lo que una mente puede llegar a pensar.
Porque, mirándolo de arriba a bajo, con aquella revista en la mano, y el cuerpo sudoroso, la respiración entrecortada... ¿que hubieras pensado, en un baño en el cual no hace calor?
Pues justo lo que pensó ella.




Ni siquiera yo misma se si este es el final idóneo.
Queda bastante en el aire, pero es que me quede ahí.
Si se me ocurre algo más, ya lo pondré... xD



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Sentía un dolor casi físico cuando el conde y la condesa entraban al mismo tiempo.. su amor mutuo era evidente, un vinculo genuino que les proporcionaba seguridad y felicidad. Hasta Logan y Serah intercambiaban a veces unas miradas que ponían de manifiesto que se gustaban. Esas miradas, ese amor, llenaba a Kylar de un anhelo tan hondo que creía que le abriría un hueco en el pecho. No era simple hambre; una rata de hermandad conocía el hambre igual que conocía las alcantarillas donde se acurrucaba buscando calor en invierno. El hambre no era comoda, pero resultaba familiar y no era algo que temer. Lo suyo era una sed, como si su cuerpo entero estubiese reseco, cuarteado, a punto de desmigajarse. Moriría de sed a orillas del lago más grande del mundo.

Todo aquello le estaba vedado. Para él, ese lago era un océano.

Era agua salada que solo le daría más y más sed, hasta causarle la locura y la muerte. El amor era la muerte de un ejecutor. Locura, debilidad, vulnerabilidad y muerte, no solo para el propio ejecutor, sino también para cualquiera que lo amase. En la vida de Azoth todo era muerte. Había jurado no amar jamas, pero cuando lo prometió no había visto nada parecido a lo que el conde y la condesa compartían. Resultaba tolerable si por lo menos le importase a alguien.


El Ángel de la Noche 1, El camino de las Sombras de Brent Weeks

Feveradicta *¬*

Mi diplomita :3

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muchisimas gracias Karol!! ^^