La luz puede ser suave, ligera, pero en el fondo, te daña.
Es inevitable.
Cuando estas cubierta de tinieblas, donde nunca a entrado ni un ápice de luz, te preguntas, ¿Qué haba más allá?
Puede que más oscuridad, porque, no sabes, lo sorprendente que puede ser la luz, hasta que la contemplas de frente.
Hasta que te toca, te acaricia, la sientes, la respiras...

Como un bálsamo invisible, que te calma y revitaliza.
Como si nunca más te pudiera volver a dejar marchar.
joer... mira que es bonito esto!
ResponderEliminarde paso decirte, que me gusta como has dejado el blog ^^-