martes, 5 de junio de 2012

Relato: El Secreto


El Secreto



-Quiero mostrarte mi secreto.
Acompañame.

Indico a Sheishiro con un gesto de cabeza que lo siguiera, saliendo de la casa, adentrándose en la noche perlada de estrellas, moteadas por miles de pétalos plata tientineantes, insistentes, brillantes y lejanos.

El silencio estaba ahí, en la noche, entre ellos, seco, quedo, pero sin incomodidad. Solo con cierta curiosidad por parte del otro chico.

¿Qué quería enseñarle?

Llevaba tanto tiempo ese secreto velado en la sombra, que en cierta manera, no quería saberlo.

Caminaron durante unos minutos, atravesando calles y dejándose acariciar por el viento, al parecer, sin un rumbo fijo... o quizás sí.

De pronto, Sheishiro se detuvo, haciendo que el otro se chocara contra él.

-Cierra los ojos. -Le indico su guía.
El interpelado abrió la boca, para preguntar el porque, pero este le contesto con la mirada que no preguntara.
-Confía en mi, - le dijo con una sonrisa ladeada, repleta de hoyuelos y travesuras veladas en su mirada.
El otro asintió, y se dejo hacer, cerrando los ojos con suavidad. Confiaba en él.

Ahora sí, le tomo de la mano, y lo guío un poco más allá. Noto como el terreno cambiaba a sus pies tornándose un tanto inseguro.
-Cuidado, ahí, delante de ti hay una piedra.
El interpelado sonrió, mientras la esquivaba sin mucha dificultad.
De pronto, aun con la sonrisa en los labios, su espalda choco contra algo, jadeó, un tanto sorprendido y aun que nunca lo admitiría, asustado.
-¿Qué...?
-Abre los ojos, - le interrumpió el otro.
Los abrió, y acto seguido jadeo ante la magnificencia del lugar.
Se habían internado en el bosque, y en aquel instante estaban en un pequeño claro, dejando el cielo al descubierto a sus ojos. Este no tenia ni una sola nube, estaba completamente estrellado, sin un solo recodo de oscuridad, y se extendía ante ellos.
Después de pasar unos intentas contemplado aquella maravilla, se giro ante el otro.
-Y este es mi gran secreto. Me encanta huir de ti y de cualquiera escapándome a este lugar, a este árbol... -una sonrisa tímida se dibujo en su rostro, un tanto sonrosado, aun que no podría apreciarlo bien en el claroscuro.
El otro sonrió, anonadado ante aquel lugar.
El que acababa de hablar continuó.
-Aun que aun tengo otro secreto que quiero revelarte.
El otro parpadeó, confuso.
-¿Cual? ¿De que se trata?
Se acerco a él, y mirándolo con intensidad, le acarició suavemente el torso, alzo la otra mano, apartándole el cabello del rostro, y de un solo movimiento le subió las gafas que enmarcaban su rostro, acercándose a él, y arrebatandole un beso en la oscuridad, sin que una sola alma más los interrumpiera, con el silencio acompañado por sus respiraciones entrecortadas y la promesa de que algo más ocurría después de aquella confesión...



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Hacía mucho que no publicaba algo mío por aquí... xDu
Tengo la escritura MUY abandonada... Esto lo escribí... hace... casi un mes.
No sabía si subirlo o no y al final, aquí esta xD

No es una gran cosa, pero bueno ;D me vino de pronto ^^

La escenita me vino viendo Uragiri Wa Boku No Name o Shitteiru, con el momento de arriba... xD no me puse resistir (?) xD

¡Un beso!


P.D: Ya se que es una tonteria de entrada, pero bueno -3-

1 comentario:

  1. aish, a mi me encanto ya te dije xDDD esto me deja con la sonrisilla tonta >.<

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Esta to guay *_______*

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Sentía un dolor casi físico cuando el conde y la condesa entraban al mismo tiempo.. su amor mutuo era evidente, un vinculo genuino que les proporcionaba seguridad y felicidad. Hasta Logan y Serah intercambiaban a veces unas miradas que ponían de manifiesto que se gustaban. Esas miradas, ese amor, llenaba a Kylar de un anhelo tan hondo que creía que le abriría un hueco en el pecho. No era simple hambre; una rata de hermandad conocía el hambre igual que conocía las alcantarillas donde se acurrucaba buscando calor en invierno. El hambre no era comoda, pero resultaba familiar y no era algo que temer. Lo suyo era una sed, como si su cuerpo entero estubiese reseco, cuarteado, a punto de desmigajarse. Moriría de sed a orillas del lago más grande del mundo.

Todo aquello le estaba vedado. Para él, ese lago era un océano.

Era agua salada que solo le daría más y más sed, hasta causarle la locura y la muerte. El amor era la muerte de un ejecutor. Locura, debilidad, vulnerabilidad y muerte, no solo para el propio ejecutor, sino también para cualquiera que lo amase. En la vida de Azoth todo era muerte. Había jurado no amar jamas, pero cuando lo prometió no había visto nada parecido a lo que el conde y la condesa compartían. Resultaba tolerable si por lo menos le importase a alguien.


El Ángel de la Noche 1, El camino de las Sombras de Brent Weeks

Feveradicta *¬*

Mi diplomita :3

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muchisimas gracias Karol!! ^^